El titulo me viene al pelo por varios motivos. Por un lado porque ya hace días que no aparezco por aquí a escribir un poco (algo que me da un poco corte) Y por otro porque también hace días que cada vez que recolecto tomates se me re estimulan ciertos recuerdos.
De una parte me vienen recuerdos de la infancia, de cuando en la temporada de verano la pandilla de niños jugábamos en el barrio. Jugábamos a dolan, al burro, a las canicas, o simplemente corríamos sin parar o molestábamos a las niñas para hacernos notar. Hablo de esa edad que parece que nunca se acaba pero que desgraciadamente si sucede, jejeje. Pero sabéis...? me encanta la forma en que todo aquello se me grabó en la memoria como niño y de cómo aunque haya pasado el tiempo se puede llegar a revivir aquellos momentos en los que podías llegar a casa lleno de polvo y las rodillas magulladas por "la batalla" jejeje.
La susodicha batalla bien podía ser la caída en el partidillo de turno o bien por haber sido revolcado por el carro de rodamientos hecho con nuestras propias manos para la temporada y en los que nos subíamos ciento y la madre. Para hacer estos carros me acuerdo que íbamos recorriendo los talleres de la zona pidiendo que nos regalaran rodamientos viejos para construirlos. Podíamos pasar días hasta haber conseguido al menos esos tres rodamientos. Por supuesto también estaba la parte de encontrar las maderas para fabricar "la tija" y para el manillar, el tablero que serviría para sentarnos, los clavos, etc.
Una vez fabricados todos aquellos carros buscábamos cuestas abajo aceradas para tirarnos como locos sorteando arboles y transeúntes, cosa que de vez en cuando era harto complicada y a veces perdíamos el control.
Me encanta cómo funciona la mente y todo ello porque te puede llegar de golpe por el simple hecho de estar regando. Un regalo de la pituitaria por el mero registro del olor a tierra seca recién mojada, un olor que te llega hasta lo mas hondo de tu ser y que te deja pensativo por un ratito. Pero bueno… no me voy a poner tierno ahora, jejeje. Lo que si quiero decir es que disfruto muchísimo esos momentos que dedico al mimo de mi mini-huerto, es increíble cómo te puedes relajar con algo tan simple.
Hablando de lo otro diré que ya hace días que vengo recolectando muchísimos ricos y maravillosos tomates, por ahora va siendo una buena cosecha y estoy muy contento por ello, hemos podido comerlos sin nada mas que un poco de sal, en ensalada, fritos, o en mermelada. Y eso que dos de las tres variedades que he utilizado las compre ya en pequeños plantones comprados en Fronda, la otra y probablemente la que más me ha gustado, la saque de semillas que compre.
Estoy pensando que para el año que viene utilizaré una sola variedad y lo hare con simiente que me he traído del pueblo, una que mi tío Francisco me ha regalado un puñado de semillas de tomate “negral” (así es como le llama el) ya hace mucho tiempo que quería conseguirlas.
El tomate negral es un tomate que como su nombre indica es oscuro, suele ser grande y jugoso y con una gran cantidad de pulpa. Su sabor es dulce y profundo y una vez probado es difícil de olvidar su sabor.
Quiero utilizar solo esta variedad porque tengo más que claro que este no está manipulado de ninguna forma, y además, para poder hacer mas acopio de semillas y porque no me hace gracia que por culpa de mezclar variedades se me contamine su pureza en el proceso de germinación, mas adelante buscare otros para probar.
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